Un ¿improbable? Campeón


Publicado el 14 de octubre de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia



Por César Elizondo Valdez


Jamás pensé en alegrarme así por un título de los acérrimos rivales, Sultanes de Monterrey. Ya te lo había platicado: todos los días abro el periódico en la página de deportes o espectáculos porque ahí leo primero de los triunfos del Hombre, de la expresión artística de sus capacidades, del romper con paradigmas, del utilizar las destrezas y talentos propios para la felicidad y logros comunes, así sea en el profesionalismo.

Por eso mi alegría del miércoles pasado, cuando al abrir la sección deportiva (extremo) de Vanguardia, me encontré con el rostro feliz, orgulloso y satisfecho de mi amigo Luis Galindo, sosteniendo a su hijo Renato en brazos, posando junto al equipo de los Sultanes para la foto del campeonato. Quizá piensas que tengo amigos superdotados, que nacieron con la pelota de béisbol en una mano y la fortuna en la otra; pero no, resulta que Luis es una persona muy similar a ti y a mí; es solo que desde su oficio, no ha perdido los sueños de grandeza que solemos abandonar conforme la vida nos va llevando. Nutriólogo de profesión, mi amigo ha podido equilibrar una carrera que le brinda una forma de vida digna y honesta, con los auténticos y más nobles ideales que un Hombre pueda perseguir: contribuir a otros para llegar a la cima.

 Para mí, algo que saco de esto es lo siguiente: un niño no debe abandonar jamás su intención de representar a México en un mundial de fútbol, así como una joven debe ir tras su sueño de ganar un Oscar mientras otros aspiran al Nobel de literatura y alguien más quiere ser el próximo Steve Jobs. Si, quizás no tenga ese niño la habilidad de Hugo Sánchez o la joven el histrionismo de Meryl Streep, difícil será que alguien escriba algo cercano a Cien años de soledad y muy complicado es salir desde la cochera de tu casa a conquistar el mundo. Pero si creo, que en la próxima generación habrá mexicanos que levanten la Copa del Mundo, y algunos de ellos vestirán pantalón largo, y en ese vestidor campeón del mundo habrá nutriólogos y abogados, contadores y publicistas, mercadólogos y aguadores. Igual en Hollywood y en cualquier tipo de industria u oficio que a nuestros niños les apasione. Espero ver un futuro lleno de ganadores en nuestra comunidad, donde al igual que Luis, todos entendamos que nadie llega solo a ningún lado, y que es mejor ser parte del todo, a ser el todo de nada.   cesarelizondov@gmail.com

Suicidio de un hincha Tigre


Publicado el 30 de septiembre de 2018 en Círculo 360, de Saltillo

Por César Elizondo Valdez.

Nota: al cierre de la edición, el estado físico de la víctima es incierto para el autor,

pero para los fines alegóricos del escrito, la agresión es motivo suficiente.

El hombre del cabello largo no es un asesino solitario. El rostro crispado, su agresivo mirar y el salvajismo de todo su lenguaje corporal, ilustran de forma perfecta la estupidez y cobardía de la masa; esa sí, homicida con arma blanca, a patadas y pedradas, de un indeseable fanático del fútbol, o en otro tiempo y lugar de este mismo país y época, de presuntos secuestradores (luego hallados inocentes) quemados vivos; ese tumulto de gente enojada con la vida y resentida con el mundo, esa horda desquiciada que se convierte en jurado, juez, y verdugo, de violadores y raterillos.

No tardaron los falsos discípulos de Montag en rociarle gasolina al fuego, llamando nacos y chairos, trogloditas y neardentales a quienes se apasionan por el fútbol, esos pensantes cuya estrechez de criterio no les da para entender que el enfrentamiento en la periferia de los contextos geográfico, deportivo, social y económico en torno al clásico regio, poco tiene que ver con un domingo de fútbol, y mucho tiene que ver con los días de la semana vistos desde el arrabal, desde la aglomeración del transporte público o desde la maquila incesante, esclavizante y mata-aspiraciones.

Los videos publicados en medios de comunicación y redes sociales, son suficientes para que la autoridad encuentre y enjuicie a unos cuantos representantes de la masa asesina. Pero mi pensar sigue varado en esas imágenes, y tomando algunas licencias de las leyes de la física, pero sobre todo abusando de las anuencias que permite el intentar escribir desde el realismo mágico, aventuro un pensamiento con el único propósito de encontrar empatía con la víctima, jamás en el afán de ser abogado del diablo y menos de ser irreverente:

Un momento antes de ser alcanzado por sus enemigos, veo a la víctima lanzar una piedra con la misma saña, intención y odio con que luego fue atacado. Pero las imágenes son tan confusas que se pierde el foco del ataque por instantes, y en esa ventana de elipsis me atrevo a pensar que fue tanto su impulso para lanzar esa piedra, le puso tanto coraje, tanto ardor y complejos, que no podemos apreciar como esta roca se siguió de largo, y siguió y siguió…y le dio la vuelta al mundo al ras de su circunferencia, atraída por la gravedad; y viajo con la velocidad de la injuria y la fuerza del rencor para regresar al mismo sitio de dónde salió. Y por supuesto, mató de certero golpe a quien antes la hubo arrojado.

Y si el atacante de largo cabello y múltiples tatuajes lleva en su rostro a la estúpida masa asesina, entonces la víctima que huye despavorida luego de lanzar la piedra, tiene la cara del Yo, de mí y de ti; y se convierte en suicida al morir de una pedrada, repleta de sus huellas dactilares.       
 cesarelizondov@gmail.com

Ser feliz


Publicado el 16 de septiembre de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia





Por César Elizondo Valdez




“Descubrir que la felicidad es una decisión del hombre”, es el objetivo que persigue para sus asistentes este año el XXIV Congreso Regional de la Mujer. Por supuesto, al decir hombre la referencia es a la especie humana.

“Ser feliz” es el tema del congreso, que como en cada edición, busca permear ante las mujeres de nuestra tierra, la visión y los valores observados por las organizaciones de Familia Unida Saltillo y Pastoral familiar, quienes una vez más, de forma incansable, generosa y altruista, coordinan un titánico esfuerzo en el cual involucran a patrocinadores de giros tan variados como comerciales e industriales, financieros o del sector salud; de origen local, nacional e internacional, así como al ayuntamiento y gobierno estatal, de forma directa y a través de otras dependencias.

Y se convoca a personas como tú que me lees en el sureste de Coahuila, a disfrutar de ocho conferencias a lo largo de dos días, donde como participante, escucharás en Villa Ferré charlas de consumados oradores que versarán sobre entender que la felicidad es una búsqueda continua, o sobre dos realidades innegables e ineludibles: la felicidad y el dolor; también te darán las ocho claves para acercarte a la felicidad, aprenderás a abrir las puertas de la felicidad, conocerás un inspirador testimonio de rehabilitación física y psicológica bajo el título de Expectativas ante conflictos, te hablaran acerca del dilema del éxito y la felicidad, de amor y finanzas en pareja, y te invitarán a cambiar tu vida y ser feliz.

Desde distintos perfiles, oradores con impresionantes bagajes académicos, profesionales y sociales, traen para ti todo su conocimiento en filosofía y psicología, en ciencias sociales, en comunicación y desarrollo humano, en inteligencia emocional, pedagogía, tanatología y bioética, en teología…vaya hasta un profesional del derecho, de marketing y ventas, estará relacionando sus talentos con alguna forma de alcanzar la felicidad.

Si damos por bueno el eslogan u objetivo de este próximo Congreso Regional de la Mujer citado en la primera línea de esta columna, estarás de acuerdo conmigo en que la primera decisión a tomar para conseguir o continuar la felicidad, es asistir este jueves y viernes a Villa Ferré, y aprovechar la oportunidad de aprender o reafirmar los conceptos manejados por los conferencistas. Informes:

Pastoral Familiar y Familia Unida Saltillo.

Teléfonos 415 7487 y 416 0858.


Lugar: Villa Ferré

Fecha: 20 y 21 de septiembre.




Pomporrutas


Publicado el 02 de septiembre de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia


Por César Elizondo Valdez

Ahí anda uno en bodas y graduaciones, en fiestas de XV años y hasta en algún funeral, a paso carnavalesco. Agita todo el cuerpo y aplaude al ritmo del éxito de Banda Blanca, baila y canta el guata-negri-sun-tzu ¡sopa de caracol, yes! Muy bien todo, lo único a señalar es que el estribillo de la canción dice ese pedacito en ingles: what a very good soup, y no el guata-nergi-sun-tzu que con mexicana alegría coreamos.

También, si eres de la generación que vio nacer los video clips de Michael Jackson junto con Mtv, los tenis nike, el walkman y los peinados tipo loco por Mary, ya te habrán compartido por redes sociales al ochentero grupo de rock Twisted Sister complaciendo multitudes latinoamericanas en algunos conciertos, deformando su original coro de we´re not gonna take it por un tropicalizado “huevos con aceite”. ¿Escuchas la pomporruta? Igual decimos Juan Talavera en lugar de Guantanamera y por supuesto, la joya de la corona, Masiósare un extraño enemigo en vez de “más si osaré…”

No confundir la pomporruta, falta auditiva y verbal propia de repetir canciones, poemas y otras figuras de ritmo o cadencia, con el malapropismo, igual, pero en el hablar llano nada más. ¿Un ejemplo? Imagina quien, por jamás haber leído ya no digas un cuentito, sino ni siquiera el nombre impreso del autor, puede caer en el malapropismo de llamar José Luis a Jorge Luis Borges; seguro que así lo creía escuchar de sus profes en prestigiada institución académica. Y bueno, espero no venga desde la tumba a reclamar un gran (esto no es sarcasmo) director de turismo de Coahuila de lejana administración, quien, ante un público pletórico de cazadores, terratenientes y funcionarios de gobierno, prometió impulsar el turismo ginecológico, provocando las carcajadas de todos los que esperaban noticias de lo cinegético.

No tengo idea de si los siguientes ejemplos abarcan en la definición: el carpintero debió decir cinco semanas y tu entendiste cinco días. Quise decir que llegaría del dominó a las 3am, pero mi domadora insiste en que dije media noche. Juras haber escuchado que no va a haber gasolinazos, y sin embargo los hay; escuchas decir que caerá todo el peso de la ley, y los pesos perdidos que no aparecen, y los pesos completos, menos; acabaré con la corrupción, y acoges a la maestra, a Bartlett y a Bejarano. Está cañón, dirían los jóvenes, pero entre tanto malapropismo demagógico que nos endilgan como si nada, solo nos queda invocar, pero invocar bien y sin pomporruta, el mero final de la oración que Jesús nos enseñó: líbranos del Málamen.     cesarelizondov@gmail.com

Magna en Coahuila, más empleos para...Oaxaca


Publicado el 26 de agosto de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia


Por César Elizondo Valdez



Bendito problema, decían los comerciantes locales cuando no había quien atendiera el mostrador por irse a trabajar a las fábricas gracias al pleno empleo que, salvo la crisis mundial de 2009, viene gozando Coahuila desde los años noventa del siglo pasado. Empleos, justo es decirlo, generados por las automotrices y su proveeduría mayormente, no por legiones de turistas viajando al oriente con cargo al erario para luego anunciar inversión gringa, alemana o canadiense.

Si, con un nivel salarial en constante aumento por una ley natural de economía llamada oferta y demanda de mano de obra, con la inflación anual por debajo del cuatro por ciento, y con una globalización y tratados internacionales que primero pusieron al alcance de los comerciantes tradicionales más productos a mejores precios, aquello de la falta de personal en el comercio era un bendito problema, el buen nivel adquisitivo del mercado interno subsanaba el reto.

Pero hoy, con una inflación desbocada, inalcanzable para un hogar con uno, dos o tres salarios mínimos sumados, con una realidad global que quiere decir marcas nacionales e internacionales desplazando al empresariado local, con gastos operativos altísimos que suman servicios como luz, agua, teléfono, rentas, salarios y carga fiscal, al comerciante local ya no le hace tanta gracia escuchar de nuevas inversiones en su tierra, por una simple razón: ya ven más problemas que beneficios sociales en cada oleada de nuevas plazas laborales en la industria. Ya estoy escuchando la llamada telefónica de cortesía, pero llena de reclamo: nada te embona Cesarito.

La razón es que nos ha pasado algo muy curioso: nos agringamos. Y no quiero decir que nos brotó el pelo güero o que cantemos el éxito anglosajón del momento en perfecto inglés sin pomporruta (no es necesario consultar la última palabreja, se entiende la oración y la próxima semana ahondaremos en pomporrutas mexicanas), pero es de dominio público la problemática que enfrentan los responsables de recursos humanos para proveer de mano de obra a las maquiladoras encargadas de sacar más productos de los que la plantilla laboral tiene capacidad. Esto, primero trajo como consecuencia la facilidad para cualquiera para hacerse de un empleo…cosa desaprovechada. Ante la posibilidad de largarme hoy de un empleo y mañana encontrar otro igual, yo, coahuilense de la región sureste, me hice acomodaticio, así como los gringos que desdeñan los trabajos que terminan haciendo los latinos; y los empleadores empezaron a importar gente de otros estados. De ahí que ahora, al anunciarse en nuestra tierra nuevas inversiones y nuevos empleos, la noticia caiga como bálsamo en lugares como Chiapas, Veracruz, Oaxaca y demás sitios de la geografía nacional dónde si bien estiran la mano y arrancan el mango, no tienen la facilidad de estirar la mano y fabricar un auto. Pero la gracia para el maquilador es la desgracia del comerciante local: vienen por salarios bajísimos. ¿Y que crees? Además, el paupérrimo salario se envía cada semana íntegro a su casa, allá, al sur, nada se gasta en Saltillo o la región. Si, nos convertimos en un mini-USA.

cesarelizondov@gmail.com


Toros, aborto y muerte


Publoicado el 20 de agosto de 2018

Hoy se habla de…

Toros, aborto y muerte

Por César Elizondo Valdez

¿Como decirlo sin que se oiga feo?, pues más o menos así: cada vez que un adolescente se da autosatisfacción, tira al inodoro miles de hijos que jamás verán la luz del día, y así se va la vida por el drenaje. Eso nos decían en las escuelas católicas para evitar la tentación de andar por el sendero hedonista que te lleva derechito hasta el infierno. Más tarde, en el primer round entre la religión y la ciencia, la maldita ciencia nos enseñó que no, que aun siendo una célula que alberga vida, el espermatozoide no es un ser humano en tanto no fecunde un óvulo. Total, que mis amigos no tiraban por el retrete alegremente a sus hijos, nomás se deshacían de un exceso de juventud. Pero…también fue la ciencia quien sentenció sin cortapisas que una vez definido el campeón del rally espermatozoidal, ahora sí había que juntar para los pañales. Ya estaba dotado de genes para sus ojos verdes, cafés, rasgados o tristes, de cabello güero o azabache, de estatura alta, mediana o maya.

¿A dónde iba?, ahh, sí. Es difícil parecer ecuánime cuando por un lado aceptas la muerte del toro en aras de la economía, el alimento, el arte, deporte o lo que quiera uno ver en la fiesta brava como finalidad o beneficio colateral, y por otra parte, piensas que la vida del ser humano inicia en la concepción y todo lo que venga después (hablando de aborto) es atentar contra un cuerpo independiente de la madre.

Y me parece que es tiempo de sacar a la religión del tema, me explico: dado que las religiones profesan la existencia de paraísos, edenes, infiernos distintas dimensiones o reencarnación y karma luego de la muerte, podríamos suponer que tanto el toro de lidia como la cucaracha, el atún enlatado, el asesino ejecutado y los bebés abortados, disfrutan de la divinidad o sufren del castigo una vez finalizada su existencia en este planeta tierra. Entonces viene el argumento.

Una vez fuera las religiones, nos podemos concentrar en la única certeza para el hombre terrenal: la vida aquí. Imagina por un momento que las creencias religiosas referentes a la vida después de la muerte son puros embustes. ¿Ya capté tu atención, amig@ abortista? Pues bien, tu vida, la mía, la del embrión que abortaste o piensas abortar, o piensas apenas engendrar para luego abortar, es tan única como improbable. En cientos de miles de billones de galaxias, en toda la infinita eternidad venidera, jamás, nunca más, tendrás otra oportunidad de vida. Igual yo, tu madre, tu pareja, crush, checante o amante. Y claro, tampoco el embrión y el toro de lidia.

¿Qué feo no? Si callamos a las religiones, menos podemos atentar contra la vida terrenal. No alcanzo a comprender conceptos como eternidad e infinito, pero pensar que después de la muerte no hay nada más que vacío, me lleva a amar la única vida que conozco y a defender el derecho de todos, desde los embriones hasta los violadores, a tener hasta el último aliento de vida para pensar, amar, arrepentirse, temer, sufrir; porque después, el vacío eterno e infinito.

Y en las polémicas de toros, aborto y muerte, quizás todos como Estado debiéramos definir una sola filosofía para tener congruencia en temas de humanidad y respeto a la vida: si a todo, o no a todo. Por mi parte, como simpatizante de la fiesta brava, estoy de acuerdo en la desaparición de la misma, si también se respeta siempre la vida de los no natos y jamás se apruebe la pena de muerte. Y cómo católico, quiero creer en lo de la resurrección, no en lo del inodoro.
cesarelizondov@gmail.com

La reseña: Una Novela Criminal


publicado el 19 de agosto de 2018 en Página Siete, de Vanguardia.
Por César Elizondo Valdez
"Si ahora nos preocupan tanto las noticias falsas, ahí estaba el germen, la primera fake news. Durante dos horas, los mexicanos vieron un montaje contra los presuntos secuestradores y contra las víctimas. El policía que llevó la investigación fue ascendido y solo un periodista fue despedido. Es inaudito” 
 Jorge Volpi


“Un tipo de justicia para un french poodle, y otra para un perro callejero”, cita Jorge Volpi a José Ramón Cossío. El lamento del Ministro de la Suprema Corte de Justicia por la liberación de Florence Cassez no podría ser más lacónico. Salió libre la francesa, y su novio mexicano sigue esperando sentencia.

De esto dan cuenta más de 400 páginas en la obra ganadora del premio Alfaguara de novela 2018. Una novela documental o sin ficción, como insiste en clasificarla su autor a lo largo del texto.

En cinco partes y 20 capítulos, Volpi evita dar una lectura en política doméstica en aras de objetividad periodística. Entre las líneas de los acontecimientos, se podría leer la historia de Cassez e Israel Vallarta bajo los sellos distintivos de tres sexenios: La ocurrencia de un montaje mediático incriminatorio, el “haiga sido como haiga sido” para no dar marcha atrás, y la necesidad de ser candil de la calle para congraciarse con Francia.

Plus: el rol que jugó la próxima titular de SEGOB, Olga Sánchez Cordero, para destrabar un caso donde, a más de jugar con las vidas de víctimas y acusados, se enfrascaron dos naciones en una guerra de egos.



Una Novela Criminal. 

Jorge Volpi 
Alfaguara
México, 2018

Fígaro

Publicado el 12 de agosto de 2018 en Página Siete, de Vanguardia 
Por César Elizondo Valdez
Estoy preparado para todo cliente y este no ha de ser tan especial. Me enoja cuando piensan que soy un improvisado. He visto de todo, me ha tocado trabajar para cualquier tipo de gente; ninguna labor me espanta. Llegaron con gran misterio a exigir por mis servicios, cuando el misterio soy yo.
No espero que lo comprendas, pero personas como yo viajamos de una época a otra, desde un espacio hasta otro, de lo real a lo ficticio. Confórmate con saber que existimos, no esperes saber el método utilizado para nuestra teletransportación, es secreto bien guardado. Piénsalo un momento: en tu era, con siete mil millones de personas vivas en el mundo y con una población literaria, paranormal, mitológica y celestial incalculable, toda profesión debería estar saturada de clientela para los mortales; pero no es así, porque existimos personas como yo, robando el trabajo a los incompetentes.
Somos una cofradía que reúne a los mejores de diferentes oficios, y aquellos agraciados con suficientes medios, nos mueven a través del tiempo y del espacio, por distintas dimensiones. Imagina el tipo de personajes que tienen acceso a contratarnos. En mi caso, peluquero, he servido a reyes como Jacobo II de Inglaterra y a princesas como Diana, actrices como Sophia Loren y faraonas como Cleopatra, a guerreros de la talla de Leónidas y deportistas como David Beckham.
No me enorgullece, pero le hice pelo y bigote a Hitler en más de tres ocasiones. Me buscó una vez Dalila, pero no me contrató. Busqué por mi parte a Cristo, se negó diciendo que tenía una cena muy importante. A un ranchero adinerado le trasquilé a sus ovejas, pues al cliente lo que pida. Antes de bajar en Dallas, le arreglé un tocado a Jackie, es mi trabajo más visto.
Siempre acostumbrado a todo, por muy extravagante de una petición o cliente cumplo con lo que me piden: Corta mucho pero no los rizos, quítale solo las canas, así pero un poco más largo, trabaja sin que te note, has una reverencia al verle, no le mires a los ojos ni entables conversación, ponle aceite de unicornio, un corte a pura navaja, o píntale el pelo azul. ¿Qué me puede a mi asustar?
 “El peluquero de Mozart”, “El barbero del Quijote”, “El estilista del Oscar”, “El peluquero de Evita”, son algunos de los motes con los que he sido llamado. Claro, también he sufrido entre cabellos con piojos, con necias y fieras pulgas, con olores indecibles, y hasta con las garrapatas; el dinero, el mérito o la fama, no pelean con la inmundicia.
Llego a mi cita sin saber a quién voy a encontrar. Sigo a paso presuroso a quien me recogió en mi tiempo y en mi casa; atravieso muchos cuartos, por paredes y pasillos, por oscuridad y luz, luego un vientecillo helado, y después, brisa de mar. Un portón hasta el final. Adentro, de espaldas a la entrada, un sillón anaranjado de respaldo alto, muy alto. Por encima del respaldo, alcanzo a ver un ensortijado de serpientes, ya adivino lo peor: soy fígaro de Medusa.

Fígaro


Publicado el 12 de agosto de 2018 en Página Siete, de Vanguardia. 

Por César Elizondo Valdez

Estoy preparado para todo cliente y este no ha de ser tan especial. Me enoja cuando piensan que soy un improvisado. He visto de todo, me ha tocado trabajar para cualquier tipo de gente; ninguna labor me espanta. Llegaron con gran misterio a exigir por mis servicios, cuando el misterio soy yo.

No espero que lo comprendas, pero personas como yo viajamos de una época a otra, desde un espacio hasta otro, de lo real a lo ficticio. Confórmate con saber que existimos, no esperes saber el método utilizado para nuestra teletransportación, es secreto bien guardado. Piénsalo un momento: en tu era, con siete mil millones de personas vivas en el mundo y con una población literaria, paranormal, mitológica y celestial incalculable, toda profesión debería estar saturada de clientela para los mortales; pero no es así, porque existimos personas como yo, robando el trabajo a los incompetentes.

Somos una cofradía que reúne a los mejores de diferentes oficios, y aquellos agraciados con suficientes medios, nos mueven a través del tiempo y del espacio, por distintas dimensiones. Imagina el tipo de personajes que tienen acceso a contratarnos. En mi caso, peluquero, he servido a reyes como Jacobo II de Inglaterra y a princesas como Diana, actrices como Sophia Loren y faraonas como Cleopatra, a guerreros de la talla de Leónidas y deportistas como David Beckham.

No me enorgullece, pero le hice pelo y bigote a Hitler en más de tres ocasiones. Me buscó una vez Dalila, pero no me contrató. Busqué por mi parte a Cristo, se negó diciendo que tenía una cena muy importante. A un ranchero adinerado le trasquilé a sus ovejas, pues al cliente lo que pida. Antes de bajar en Dallas, le arreglé un tocado a Jackie, es mi trabajo más visto.

Siempre acostumbrado a todo, por muy extravagante de una petición o cliente cumplo con lo que me piden: Corta mucho pero no los rizos, quítale solo las canas, así pero un poco más largo, trabaja sin que te note, has una reverencia al verle, no le mires a los ojos ni entables conversación, ponle aceite de unicornio, un corte a pura navaja, o píntale el pelo azul. ¿Qué me puede a mi asustar?

 “El peluquero de Mozart”, “El barbero del Quijote”, “El estilista del Oscar”, “El peluquero de Evita”, son algunos de los motes con los que he sido llamado. Claro, también he sufrido entre cabellos con piojos, con necias y fieras pulgas, con olores indecibles, y hasta con las garrapatas; el dinero, el mérito o la fama, no pelean con la inmundicia.

Llego a mi cita sin saber a quién voy a encontrar. Sigo a paso presuroso a quien me recogió en mi tiempo y en mi casa; atravieso muchos cuartos, por paredes y pasillos, por oscuridad y luz, luego un vientecillo helado, y después, brisa de mar. Un portón hasta el final. Adentro, de espaldas a la entrada, un sillón anaranjado de respaldo alto, muy alto. Por encima del respaldo, alcanzo a ver un ensortijado de serpientes, ya adivino lo peor: soy fígaro de Medusa.


Honestidad y recorte de sueldos


Publicado el 05 de agosto de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia



Por César Elizondo Valdez




No hay mujer que le llene el ojo a Brad Pitt, esto según las escrituras de cualquier sitio web, revista o programa de televisión dedicado a la farándula. Mientras tanto, cualquier mortal avecindado fuera del código postal 90210, aun careciendo de sus atributos físicos y económicos del actor (estarás de acuerdo que su histrionismo a nadie apantalla) puede llevar una vida plena al lado de una mujer, pareja, familiar o hasta de un hurón, gato o ardilla, a falta de perro. Igual, escogió Borges morir resentido por no haberse hecho del Nobel, mientras a la persona promedio le basta para ser feliz con ver sus escritos publicados en la gaceta de la escuela de sus hijos.

Mucho hemos escuchado algo así como que el secreto no está en tener todo, sino en alcanzar plenitud con lo que se tiene. Si, caemos en cuenta de que las virtudes se obtienen no por lo que uno posea, sino por lo que uno sea. Y vamos viendo que el Rolex no me convierte en una persona puntual, ni que los documentos firmados con una Mont Blanc los cumpla mejor a los rubricados con una Bic, o que con unos Nike salte más alto o corra más aprisa, o de perdido que avance por el pavimento con el poético andar de los fondistas kenianos.

De ahí, nos vamos formando opinión en cuanto a aquello de que, para ser honesto, alguien debe tener sus necesidades económicas resueltas. ¿De verdá? Igual sería pensar que para ser fiel habría uno de agarrarse a la más bonita del carnaval, puesto que ya no hay más pa´rriba, y ya vemos que no es así; ni que fuera gripa, diría la comadre enarcando una ceja.

Sobran muestras de como el dinero nunca es suficiente: compras un Vocho y luego quieres un Aveo, consigues ese y ahí vas por el Jetta, y para cuando acuerdas ya te paseas por Coahuila en Suburban blindada y toda la cosa. Ropa, casa, viajes, y toda clase de necesidades abren su espectro más allá de lo indispensable hasta caer en excentricidades. Y claro que no es tamal (esta mal, quise decir) darse cada quien la vida que pueda costearse, cada quien su rollo, solo que ese perfil no será el adecuado para velar por los intereses de todos.

Y créame, soy el primero en calificar de populistas las medidas de andar regalando el sueldo cuando los funcionarios lo publicitan como hermanas de la caridad, así ha de estar la tajada por otro lado, tampoco aplaudo la reducción de salarios per se, habrán de ser acordes a la realidad del costo para vivir dignamente y sin preocuparse por que lleguen Jordi o Slim a cortar agua o teléfono. Pero si, pensar que los altos ingresos son el parámetro para garantizar honestidad y buen trabajo, es como decir que Brad Pitt se va a estar quietecito con la mujer del momento.     

¿A quién le va?


Publicado el 15 de julio de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia

¿A quién le va?



Finalizado el tiempo reglamentario igualados y la prórroga de media hora para desempatar sin que resultase un ganador, han llegado a la ronda de penales. Un duelo de pistoleros.

Una instancia familiar para el equipo croata, disputó tres alargues de partidos en la fase final del torneo y dos de ellas se definieron por penaltis. Su entrenador, fiel y orgulloso católico, en alguna brecha del subconsciente neuronal, hace recuento de memorables momentos en esta vía a lo largo de la historia del fútbol: el italiano Baggio enviando el balón a las tribunas dándole la copa a Brasil en 1994, los casi 50 penales cobrados en algún país del áfrica para definir un ganador, los mexicanos jugando bien pero ejecutando mal para cargar un estigma tan pesado como la conquista, el loco Abreu en el quinto y definitivo tiro, con una frialdad de sociópata asesino, haciendo un pique, un globito pues, para llevar a Uruguay a semifinales… y más interesantes casos de yerros y aciertos en esos momentos de máxima presión profesional en dónde la única verdad y por tanto, juicio, viene de un aforismo futbolero: penal atajado, penal mal ejecutado.

Pero en conciencia, el entrenador tiene toda su atención, conocimientos y energía en el orden en que sus jugadores desfilaran ante un portero francés, ante más de 80 mil espectadores presenciales y un montón de millones de televidentes, cibernautas, radioescuchas, futbolistas y periodistas diseminados por el orbe, fieles al eslogan del México ´86: el mundo unido por un balón. ¿La suerte importa? En este momento, se invoca a la diosa fortuna y cualquier tipo de cábala, hechizo o cálculo estadístico es sacado del costal: atinar a escoger cara o cruz para ver quien inicia tirando es relevante; acertar primero, entendiendo el aforismo citado arriba, traslada toda la presión al adversario.

Tras el lanzamiento de la moneda, el capitán de Croacia decide empezar con la primera tanda de cinco fusilamientos por escuadra. Se agotan los diez cobros y el partido continúa empatado. Lo siguiente es muerte súbita para definir al campeón, entonces tenemos que esto, aunado a aquello del penal fallado es igual a mala ejecución, ha pasado de ser una estridente balacera de gatilleros, a una sórdida ruleta rusa. Nadie quiere la pistola en su poder.

Pero el entrenador croata permea en sus pupilos una vasta tranquilidad, y su primer tirador complementario ha marcado el gol. Si su arquero logra detener el siguiente, se convertirán en campeones del mundo. Y ahí tienes al entrenador, con la cabeza en el juego y una mano en el bolsillo, soba que soba un rosario que siempre le acompaña en todo lugar y en todo momento, en ese espacio y el tiempo tan estudiados por la ciencia. ¿Confía tanto en su oración o como en la preparación? ¿Es religioso para ganar o para saber jugar?  Él sigue tranquilo, el cree en algo; observa al futbolista francés aproximarse al manchón penal para acertar o fallar, para vivir o morir. Y un instante después, su vista se cruza con algo que sale por el cuello de la camiseta del francés: pendiente de una cadena, un dorado crucifijo.

cesarelizondov@gmail.com

Papás tipo Luisito Rey


Publicado el 17 de junio de 2018 en Círculo, de Vanguardia



Por César Elizondo Valdez




Si has visto la serie de Luis Miguel por Netflix y piensas en Luisito Rey como el legítimo cabrón, te recomiendo leer Open, las memorias del tenista André Agassi. Ahí descubrirás a papá Agassi, para él no existe retador dentro de nuestra civilización cuando se trata de hacer miserable la vida del hijo.

Toda proporción guardada en cuanto a rigor científico o temática, en alguna forma Open me parece un libro semejante a El hombre en busca de sentido, del Doctor Viktor Frankl, como una obra complicada para su clasificación: primero te lo presentan en la estantería como autobiográfico y así lo compras; después lo lees como una trepidante novela, de las llamadas de crecimiento o aprendizaje del protagonista; al final, además del buen sabor de boca por los atinados recursos literarios de un coautor con un premio Pulitzer en su haber, te queda la sensación de haber leído algo catalogado en la sección de autoayuda, porque ya esperas que sea mañana para salir a darle de raquetazos a la vida.

¿Y sabes una cosa? Resulta que el rebelde de Agassi, luego de odiar y renegar durante niñez, juventud y buena parte de la edad adulta de un deporte impuesto y heredado de su padre con mucha sangre y sufrimiento en lugar de buen ejemplo y alegría, termina por abrazar un inexorable ¿destino?, futuro más bien, resultado de todo lo bueno, malo, regular, dulce, acido y amargo que le sucedió en la vida. Alberga en su interior la incertidumbre de haber sido poeta porque en alguna ocasión la maestra advirtió cierta sensibilidad y ritmo; pero en su oficio, fue un Vargas Llosa de las canchas, ¿habría sido el Maradona de las letras de seguir otro camino? Lo dudo. Igual, la historia del extraordinario cantante mexicano que tiene a Latinoamérica pegada al televisor como en los mejores tiempos de Cuna de Lobos, sugiere que Luis Miguel se quedó con las ganas de jugar fútbol junto a sus vecinos de la infancia, ¿habría sido él quien metiera los penales fallados por García Aspe, Hugo Sánchez y compañía para llevarnos al anhelado y negado quinto partido de un mundial? También lo dudo.

Papá Mozart, el padre de Tiger Woods, Joe Jackson, y el del yankee Mickey Mantle, son otros casos de jefes de familia llevando a sus hijos por una pesada senda donde la formación o disciplina se confunde con el abuso, la codicia y la explotación. Y también, claro está, tenemos a los que hicieron de sus hijos algo bueno aun sin tener conciencia de aspirar a hacerlo, como un señor Kafka, menospreciando y ridiculizando a su hijo, como a una cucaracha. Apelamos al imaginario y dilatamos aún más la ética y la moral para pensar en Vito Corleone, orillado a meter a Michael en los turbios negocios familiares truncando una carrera de servicio público, a José Arcadio Buendía amarrado de por vida a un castaño al tiempo que el mundo rueda mientras un hijo emprende la guerra para liberar al país y el otro caciquea al Macondo fundado por su padre; o al inefable Darth Vader, luego de muchas vueltas de tuerca, termina por ser la caricatura de aquel temible villano de mi infancia.

Si, pobrecitos ellos… ¿y tú, y yo? La verdad, poca diferencia encuentras entre cantar por obligación y pasar lista en el salón de clases aprendiendo la tabla del siete, pero El Sol alternaba con bellas modelos, eso sí. No sufrió más Tiger Woods golpenado pelotas de golf, andando de gira y guardando una imagen impecable a lo que enfrentas día a día llenando reportes, contestando el teléfono y vistiendo esa ridícula corbata; el relojito de acero que te regaló la empresa no se compara al disco de platino que cuelga de una pared en Neverland o al Oscar en la repisa de Beverly Hills. Entonces, ¿Cuál es problema con estos famo-exitosos cuando además de su oficio, solo saben de desdicha?

Quizá la respuesta no está en el padre asignado a cada uno por sorteo divino, sino en la clase de hombre en que se convirtió cada quien por voluntad propia. Ahí la gran diferencia entre Agassi y todos los demás. Por lo anterior, te invito hoy a celebrar también a los papás tipo Luisito Rey, porque nunca será culpa de ellos nuestra transformación para mal, pero siempre será gracias a ellos todo lo alcanzado para bien.




Utopía, distopía...y Amazon Go


Publicado el 27 de mayo de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia



Por César Elizondo Valdez


Resultaron más certeros los guionistas de las películas del Santo con sus gadgets de comunicación instantánea cara a cara desde un reloj (hoy smartwatch), a lo imaginado por los escritores de novelas distópicas como Orwell, Huxley, Burgess o Bradbury. Claro, en las historias de esa época del cine mexicano se retrata la utopía de una tecnología al servicio del hombre, mientras en las novelas apocalípticas, el avance científico lleva a la humanidad por un sendero de autodestrucción.

Pero nadie nos adelantó la forma de lo que sería el comercio en el mañana, algo de lo que tuve oportunidad de conocer en reciente visita a la ciudad de Seattle, en el noroeste de Estados Unidos. Y es que ya sabes, aprovechando la vuelta a cualquier sitio, le da a uno por hacer aquello muy bien descrito por alguien para quienes gozan del turismo tanto como de la lectura: leer la ciudad con los pies.

De ahí el haber abandonado la ruta turística del centro de la ciudad para visitar el portento de innovación comercial que es la tienda de Amazon Go. Similar a un Oxxo en tamaño y oferta de productos, en ese parpadeo al futuro accedes escaneando un código desde tu teléfono móvil -previa instalación de aplicación-, que contiene entre otras cosas los datos de tu tarjeta de crédito. Tomas una bolsa de un estante y vas llenándola con los artículos que quieras comprar. Luego te sales…y ya. Olvídate de que te abran la segunda caja o que la señorita de la Guadalajara termine de sacar copias o surtir recetas, de esperar al de adelante pagando el recibo del agua o dictando los números del celular para comprar tiempo aire. Cosas del diablo, diría el abuelo. A los pocos minutos recibes por email el recibo de lo que compraste.

Distinto a lo que pensé en primera instancia, no es cuestión de escaneos ni códigos QR o de barras, como ya existe otro proyecto en China. Es una suma de innovaciones tecnológicas más cómodas con sensores dónde se lee o percibe cada movimiento del cliente, el calor térmico, el peso y posición de los productos en estantería…y más complicaciones técnicas difíciles de digerir para quien entiende de lógica comercial, no de inteligencia artificial. Luego vienen los asegunes de que pasaría si le pongo más productos a la bolsa con respecto al crédito que tengo en la tarjeta, si funcionará en otro tipo de comercio como el de vestir, el ferretero o en productos a granel; y muchos etcéteras más. Y debido a esto último, es de quitarse el sombrero ante la gente de Amazon. Porque, estarás de acuerdo conmigo, de que la empresa con más crecimiento y dinamismo del mundo, y cuyo dueño ocupa el lugar donde antes estuvieron Gates, Slim, Getty, Vanderbilt y Rockefeller, pudo haber lanzado por todo lo alto su prototipo para el comercio detallista y/o de consumo diario, pero prefirieron hacerlo en pequeño, lejos del bullicio de Times Square, Las Vegas o cualquier otro lugar de frenesí consumista. Sin duda, ese período de curva de aprendizaje, de prueba y error, todavía valorado por los más destacados emprendedores del mundo, le dará a Amazon Go una ventaja competitiva que, aunada a su poder económico y su patente en esa suma de tecnologías llamada Just walk out, nos pondrá ahora sí, ante la posibilidad de experimentar una distopía predicha por aquellos escritores apocalípticos: un mundo manipulado, dirigido y vigilado por el poder económico. El monopolio dentro de un sistema de antimonopolios.

Al emprendedor, al innovador, a quien suma conocimientos, como es el caso de Amazon, ¿Vale que alguna instancia de gobierno o internacional le restrinja la intención y el derecho de hacer mejor las cosas? Pienso que no. Pero si te pones a pensar, es de preocupar que ante una patente y un poderío económico, logístico y tecnológico nunca antes visto en la historia de la humanidad, penda sobre empresas como Oxxo, Soriana, Farmacias Guadalajara y por supuesto de tu tiendita y la mía, del trabajo del cajero y autoempleado, una fuerte y real amenaza de quedar marginados de una competencia universal implacable y despiadada contra los adversarios comerciales, aunque diligente, sonriente y amigable ante el consumidor. 








Chango viejo


publicado el 29 de abril de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia
Por César Elizondo Valdez

De manera coloquial decimos y aceptamos el concepto del hombre como descendiente del chango, soslayando un reproche del rigor científico: no todos los primates son monos. La realidad habla de un parentesco entre la especie humana y otros animales con los cuales compartimos casi el 99 por ciento de la dotación genética, tal es el caso del chimpancé y el gorila. Pero no somos sus padres, tampoco somos sus hijos; primos, podríase decir. Es en esa minúscula diferencia entre el ADN de unos y otros primates, donde encuentra cabida el aforismo del doctor Rama: “Cualquier mono puede alcanzar un plátano, pero solo los humanos pueden alcanzar las estrellas”. ¡Pum! De ahí entendemos al hombre como encargado de también, crear un abecedario, luego juntar letras para formar vocablos, y después, darle acomodo, puntuación y forma a esas palabras en obras tan bellas, profundas, reveladoras y abstractas como un poema, una novela o un cuento; un ensayo o texto académico; una columna de opinión o un reportaje.

Larguísima introducción, más larga que la cuaresma dirán algunos, sirva para contextualizar en el tema de la escritura a este aprendiz de prosista, quien, en la búsqueda de hacerse de técnicas, conocimientos y otras formas de bagaje para avanzar en su modo alternativo de profesión, atendió el año pasado la invitación de la Universidad Iberoamericana en su centro de extensión Saltillo para cursar un Diplomado en Estudios y Creación Literaria.

De la mano del referente en nuestra región para estos menesteres, el Maestro Alejandro Pérez Cervantes, hice mi mejor esfuerzo para no desmerecer ante un variopinto y competente grupo de hambrientos estudiantes compuesto por caracteres tan disímbolos como ocupaciones y edades, estilos, sueños y grandes ideales hay; para encontrarme con conceptos tan extraños para mí como rizomas, diégesis, prosopopeya, ucronía, écfrasis... para conocer a teóricos como Genette, Barthes, Perec, Minto, Gombrich; todo para aterrizar apreciando a los familiares Bolaño, Ibarguengoitia,  Pizarnik o Auster, a monstruos como Vargas, Gabo, Borges y Rulfo,  claro, a las nuevas caras como Carlos Velázquez, Mendoza, Luiselli, Fernanda Melchor o el mismo Alejandro, así como a los desperdigados Chesterton, Bernal, Kerouac, Serna. Si, aprender a leer para saber escribir.

Pude aprender que, en la novela, el poema o el cuento, podemos (debemos) anhelar encontrar fondo sin perder las formas; así como en el periodismo o lo académico, se puede aspirar a la estética de la sangre en el estilo sin abandonar la fría ética en el apego a los hechos. Aprendí de un impresionante racimo, a diferenciar entre distintas figuras retóricas. Aprendí también que, aunque en la literatura y el arte concurren solo un puñado de temas con verdadero sentido trascendental para el hombre y por tal todo esta dicho, siempre existirán abundantes recursos literarios, manejos del tiempo y el espacio, estilos y vanguardias, percepciones, avances tecnológicos y nueva información, para abordar cualquier tópico desde nuevas dimensiones, ampliando así los horizontes tanto del lector, como del mismo escritor.

Por supuesto, cualquier forma de proverbio viene cargado de una fuerte dosis de sabiduría, pero, aun y cuando compartimos con el mono ese gran porcentaje del genoma, nuestra diferencia se torna tan abismal en ese poco por ciento de ADN distinto, que así, yendo en contra del expertiz del aforismo, este chango opinador, sigue y seguirá intentando, nuevas formas de hacer maromas.  
cesarelizondov@gmail.com


Transporte urbano en el código postal 25 mil, en año electoral


Publicado el 15 de abril de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia
Por César Elizondo Valdez


El recién adquirido conocimiento del llamado grado cero en la escritura de Barthes, entendido como despojarse de subjetividad en aras de un acercamiento a la verdad, pareciera permitirme opinar desde distintas percepciones cuando hablamos de la problemática -o circunstancia- si así lo queremos ver, del Centro Histórico de Saltillo.

Porque, ¿Cómo conciliar lo utilitario con lo estético? ¿Cómo abrirle la puerta al progreso sin trastocar el pasado? ¿Cómo alentar una causa sin afectar otras cosas? ¿Qué partido tomar? Cuando por un lado, tu madre obtiene sus ingresos gracias al valor catastral de lo que existe en el centro histórico y tú mismo tienes intereses comerciales en la zona, pero por otro lado, como saltillense entiendes que el concepto de Centro Histórico difícilmente es compatible al significado de centro comercial, en la acepción de la realidad del primer cuadro de Saltillo: un área mercantil más que gastronómica; un espacio de proveeduría de bienes de primera necesidad, más que de vida nocturna; un destino para los saltillenses, más que para los turistas.

Esa es la realidad. Al Centro Histórico no hay necesidad de rescatarlo, nomás es no asesinarlo. Contrario a la creencia de muchos, según encuestas realizadas desde instancias gubernamentales, la mayoría de quienes acceden al código postal 25 mil en el transporte público, no lo utilizan como el simple distribuidor de rutas urbanas que algunos han sugerido, el más alto porcentaje de quienes arriban a esa parte de la ciudad, lo hacen porque es un destino; es decir, van al centro por una causa especifica de necesidad por lo que ahí encuentran, no porque el autobús cruce accidentalmente por ahí.

Y hoy es fecha que el Centro Histórico de Saltillo agoniza. Y siendo sinceros: tú, que lees la edición de 360 en Vanguardia, ¿cuántas veces has visitado el centro en los últimos 12 meses?, entonces, ¿porqué tomar decisiones en base a un mercado potencial que nunca va a regresar al centro ante la atractiva oferta de los desarrollos comerciales y gastronómicos del norte y orillas de la ciudad?  En aras de una estética y supuesta funcionalidad que no utilizan ni disfrutan las clases sociales altas ni quienes toman decisiones encaramados en pedestal o ladrillo, el estrangulamiento del centro ha obligado a las clases sociales bajas a buscar proveeduría en las orillas de la ciudad, a precios más altos y con menor variedad. No es políticamente correcto decirlo así, en grado cero, pero es una realidad.

En este año electoral y ante una baraja de candidaturas a la alcaldía que trae de todo, ¿Veremos una propuesta concisa, prudente y viable para el sostenimiento del Centro Histórico-Comercial de Saltillo? ¿Algún candidato le entrará a un asunto que las cúpulas rehúyen y la clase trabajadora sufre? ¿Alguien tendrá los arrestos para regresar las rutas de transporte urbano al Código Postal 25 mil? O, de entre toda la baraja, ¿le darán la estocada final al último reducto de un Saltillo que parece desdibujarse ante la incapacidad de conciliar estética y utilidad?  


Como cruzando el Río Bravo




Publicado el 08 de abril de 2018 en Círculo 360, de Vanguardia



Por César Elizondo Valdez




Muy gastada esta la retórica aquella de lo que cuesta educar a un mexicano: 23 pesitos, ese era el peaje en la caseta del puente internacional para salir de México e ingresar a los Estados Unidos. Si, ya sabes, cruzando la frontera dicen que uno se convierte en buen ciudadano, no tira basura en la calle, no ocupa topes en bulevares para respetar los limites de velocidad, come con la boca cerrada y hasta le abre la puerta del coche y del mall a la señora.

Pero, ni necesidad de ir tan lejos. Ahí tienes que esta semana, angustiado y aburrido por la escasez de clientela en el código postal 25 mil, es decir el centro de Saltillo, salí a deambular por las calles del primer cuadro de la ciudad. Y luego-lueguito, así como el Río Bravo divide a los gringos de los mexicanos, o a los yankees de los bárbaros, un pequeño negocio sirve de frontera entre el Mercado Nuevo Saltillo -de confección oficial- y la Plaza de la Tecnología, de capital privado.

En conceptos similares en cuanto a meter cientos de diminutos locales dentro de una gran nave, contar con áreas de comida y sanitarias, las diferencias no podrían ser más abismales a las encontradas entre Tijuana y San Diego. El visitante, apenas se acerca al acceso de uno y otro lugar, tiene la inequívoca percepción de lo que verá allá adentro: perfectamente delimitados y respetados los espacios en uno, caos y mercaderías en pasillos y techos en otro; escaleras eléctricas en uno, una sola planta en otro; sanitarios bien cuidados en uno, baños sin mantenimiento apropiado en otro; limpieza e iluminación de un lado, semi oscuro y sucio el otro. Aunque eso sí, los deliciosos tacos de Aaron en el Mercado Nuevo Saltillo, sin oferta gastronómica atractiva en la Plaza de la Tecnología. Un localito de distancia no puede ser la diferencia para que una misma población encuentre tan diferentes espacios.

Después, seguí caminando. Por las banquetas que distintas administraciones restauraron, con la vista clavada al piso como negando la parálisis económica que solo el gobierno no ve y no sufre, me encontré con otro retazo de mexicanidad: las manchas negras de los escupidos chicles que se han fundido con el cemento. Y, ¿a quién echarle la culpa? La normatividad dicta que el dueño de la propiedad debe entregar la banqueta al municipio. ¿Debe la autoridad encargarse de esa limpieza o será el locatario quien deba quitar a espátula y químicos las gomas de mascar adheridas cuán fósiles al piso?  No lo sé, pero te puedo decir que, en centros comerciales privados como Plaza Patio, Plaza Sendero, Nogalera, o Galerías Saltillo, todos los días ves a personal de limpieza de hinojos, con espátula en la mano, desprendiendo del piso aquello que los visitantes no aprendemos a depositar en la basura

¿Es el Río Bravo o son las autoridades quienes hacen una diferencia? ¿Son las concesiones de los gobiernos hacia sus centrales agremiadas y por tanto clientelares las que nos siguen anclando al tercer mundo, o será el esfuerzo empresarial lo que nos lleve a ser una nación desarrollada? ¿Es el gobierno o es la población?

cesarelizondov@gmail.com