Congruencia

Publicado el 14 de Abril de 2006

Consultó su nuevo Rolex, a pesar de su reloj, llegaba tarde de nuevo, la impuntualidad era su sello; con su pluma Mont Blanc firmó algunos compromisos que jamás podría cumplir, buena calidad de tinta, una firma estilizada, estampadas en papel perdían toda su valía; condujo el Mercedes-Benz, cruzó toda la ciudad sin respetar las señales; llegó a su club deportivo, paso de largo el gimnasio y se dirigió al bar, ordenó el mejor coñac, uno más y uno tras otro, en cantidad excesiva nuevamente la cantidad vencía a la calidad.

Cuando la noche llego se fue a su pequeña casa, se recostó con su amante, tras unos breves intentos, se fastidió y se marchó, ni siquiera le cumplió. De ahí fue con su familia, al llegar, todos dormidos, encendió el televisor, plasma le llaman hoy, pudo ver el noticiero. Se enteró de lo de siempre: Empresarios como Ahumada, funcionarios como Ponce, congresistas Bejaranos, candidatos sin vergüenza; entonces se preguntó, como tantos mexicanos, ¿por qué me tocó vivir entre tanta corrupción?

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