La Ecuación del Padre Moderno

Para publicarse el 20 de Enero de 2007

Me encontré esta semana en las páginas del diario con una nota de alguna agencia internacional, la publicación decía que cierta revista había elegido al actor Brad Pitt (sí, el de Angelina Jolie) como el Mejor Padre del 2006. Los lectores de frivolidades respondieron a la encuesta que les presentaron y decidieron que el actor de Babel es el mejor ejemplo de lo que debe ser un padre.

Por supuesto, igual que la mayoría de los mortales, seguí envidiando otras posesiones de Pitt y no tomé en serio el premio de que fue objeto, estoy seguro que él mismo hubiese preferido tener en sus manos la famosa estatuilla de oro que entrega la Academia cada mes de Marzo en lugar de la risible distinción que le hicieran los mercaderes de la superficialidad.

Algo notable de este hecho, es la forma en que la gente, no las personas, percibe cómo es que debe ser una figura paterna. He observado que las decisiones que toma la gente, en plural, son muy diferentes a las que toma cada individúo, en singular; no creo que las personas que emitieron un voto anónimamente para calificar al padre del año sean capaces de admitir abiertamente que su elección será la mejor cuando pasen veinte años y la realidad del estrellato alcance a la familia feliz del momento, ser padre no es cuestión de un rato. No es que seamos catastróficos ó que le deseemos el fracaso a alguien, es solo que resulta obvia la manera en que los publicistas lucran con la buena voluntad de los seguidores de las celebridades, y cuando todo es negociado a cambio de imagen, siempre hay quienes resultan lastimados ó incapaces de vivir de esa manera: Los hijos.

Si tener una personalidad atractiva, ser popular, tener los medios para satisfacer no solo cualquier necesidad sino también cualquier capricho, y contar con la ventaja de tener un trabajo que te permita pasar mucho tiempo con tus hijos no es suficiente para garantizar ser un buen padre, entonces, ¿Cuál será la fórmula para poder graduarse como padre sin dejar de vivir en la realidad de hoy?

Está claro que la estrategia-complejo de darle a los hijos todo lo que uno careció no es la mejor vía para edificar la relación. Tampoco es conveniente ser la persona que no tiene vida propia por estar entregado a los hijos, a nadie le gusta ser la causa de un mártir. Peor es ser el tipo que es ejemplo hacía fuera de su familia, pero que es la oscuridad de la casa. Ser el todo poderoso y pretender que el respeto ó miedo pueda ser transformado en amor de los hijos es otra piedra con la que tropezamos los padres cotidianamente.

En un mundo competitivo que nos demanda ser más exitosos en el plano profesional y que por otro lado está urgido de fortalecer las relaciones familiares, parecería que estas dos necesidades se contraponen. Por eso no debemos buscar la utopía de ser el padre perfecto, nuestro deber es limitarnos a hacer el esfuerzo perfecto, el cual es, según mi teoría, el siguiente:

Todos llegamos a este mundo en diferentes circunstancias y nuestras vidas toman distintos caminos, el parámetro para medir nuestras vidas se basa en nuestras realidades, no en las de los demás. Así, la ecuación para ser un mejor padre estaría compuesta por cuatro variables: Darle a nuestros hijos las mismas oportunidades más un poco más de las que recibimos de nuestros padres; compartir con nuestros hijos el mismo tiempo que compartieron con nosotros nuestros padres, más un poco más; inculcar en nuestros hijos el mismo respeto hacía una religión ó creencia de algo superior como lo hicieron nuestros padres, más un poco más; y finalmente, amar a nuestros hijos como nos quisieron nuestros padres, más un poco más.
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