La nueva Revolución

Publicado el 17 de Noviembre de 2006

Los festejos revolucionarios que durante tantos años fueron el escaparate para justificar la permanencia en el poder del partido que capitalizo políticamente el movimiento nacido en tierras coahuilenses, han dejado su lugar a las representaciones que se convierten en tradiciones de los niños disfrazados de revolucionarios y las niñas de Adelitas, todo en el marco de una aniversario que cada vez menos personas relacionan con el sufragio efectivo y más con un día de descanso. La falta de evolución, desgastó a la revolución.

Durante el último lustro, fue evidente el discurso Presidencial que quiso implementar en la conciencia general su propia fecha para marcar otro parte aguas en la historia nacional, queriendo hacer sentir a los mexicanos que el día dos de Julio sería señalado por todos como el inicio del cambio tan anhelado por millones de ciudadanos que desde cualquier plataforma ideológica reconocían la necesidad de una transformación a fondo en la manera de manejar al país, sobre todo en lo referente a lo político. Con tanta convicción y oportunidad se busco eso, que no basto hacer notable la coincidencia de que en el segundo día del séptimo mes de año se festejaba también el cumpleaños de un Presidente que durante gran parte de su gobierno gozó de una popularidad envidiable para cualquier persona pública, sino que incluso se llego a extremos que algunos califican como “peronistas”, con todas las proporciones guardadas, al escoger ese mismo día para darle formalidad a lo que más tarde trataría de instaurar con la figura de “pareja presidencial”. Todo por una aventura en la que se rompieron cualquier tipo de tabúes, con la natural consecuencia de eliminar también cualquier vestigio de formalidad y respeto. Ciertamente, como diría Fox, hubo revolución durante el sexenio... Pero no la que muchos esperaban.

Hoy, si leemos entre líneas nos damos cuenta de que la otra gran fuerza política del país, el perredismo, intentará iniciar el próximo Lunes su propia tradición revolucionaria. Para esto, reconocerá como presidente legítimo de México a Andrés Manuel López Obrador durante su Convención Nacional Democrática. Astutos como lo han venido demostrando en el manejo de la sicología de masas, los altos mandos de este nuevo movimiento aprovechan una fecha relacionada con el levantamiento del pueblo para lanzar una oferta política que solo podrá tener éxito si la violencia estalla desde cualquiera de los bandos involucrados, nunca antes tan bien identificados como los rudos y los técnicos.

Seguiremos de frente, escuchando a los del partido revolucionario aferrándose a una forma de hacer política obsoleta en que solo la evidencia de acarrearse beneficios personales nos hace entender porque no conciben la competencia como algo que te obliga a superarte; escuchando también los huecos argumentos colgados de factores externos de aquellos que seguirán pregonando que el país tuvo un acierto en aquel mes de Julio del año dos mil; y por supuesto, también escucharemos el ir y venir de los que descalifican todo aquello que les es adverso y que creen más en la violencia en cualquiera de sus presentaciones que en la institucionalidad.

Estaremos condenados a vivir la realidad que impongan los que detentan ó participan en la repartición del poder, así será hasta que como ciudadanos tengamos esa revolución de pensamiento que nos haga entender que la sociedad debe ponerse adelante de los partidos políticos, esa revolución de pensamiento que nos permita saber que el gobierno no está para manejar nuestras vidas, sino para ser el instrumento con el que nosotros manejemos el destino de nuestro país a nuestro gusto, no al de ellos.
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